Sangria com Adélia Danielli

por: Cristiane Gomes

No início do ano conheci a poesia da potiguar Adélia Danielli na Banca Tatuí. Folheei Bruta e parei na Conceição Discos, da Thalitha, que é uma casinha paulistana, e devorei com bolo de banana, café coado e Clara Nunes na vitrola.

Entrei em contato com Adélia, a mesma que habita o livro em brutos poemas, fotos de Pedro Andrade e um lindo e singelo trabalho gráfico lindo de Themis Lima, e ela topou compartilhar o seu trabalho aqui na Sangria.

Além de Bruta, lançado em 2016 pela editora Tribo, que pode ser adquirido por R$25,00 pelo e-mail adeliadmsouza@gmail.com, Adélia participou de alguns livros coletivos, como o Por Cada Uma (2012), da editora Una.

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Foto: Adélia Danielli.

sou dessas
sou daquelas
de quem falam mal
que xingam
que chutam
as canelas
incomodo
não me calo
não me conformo
não engulo
choro voz ou
ato
desfaço o papel
que me mandaram
interpretar
respaldo
em minha liberdade
o desejo de não ser
lapidada
sou bruta
mulher pedra flor
e luta

 

eu sou o surto de Piaf
pela morte de Marcel
a angústia de Elena
e o palco para sempre
vazio
sou o desejo
do esquecimento
de uma mente sem
lembranças
a Garota Interrompida
em Paris, Texas
o amor em coma
que não despertou
As Horas de uma loba
e duas mulheres
a necessidade da escrita
o Nome Próprio
o ventilador do Palhaço
e a esperança nas
Medianeras

 

minha poesia
não tem pompa
não anda
de salto alto
não tem garbo
de difíceis
palavras
caminha
com pés
descalços
desce
ladeira abaixo
cantando
assanhada e suada
não desfila
elegante
pelas calçadas
tem perfume delicado
mas por vezes que
entranha
invade, corta
e sangra sem
a menor cerimônia

 

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La Chica del Barrio – Recaredo SILEBO BOTURU

por: Cristiane Gomes

Nessa segunda postagem da seção Sangria, do Blog da Malha Fina Cartonera, vamos conhecer o trabalho de Recaredo Silebo Boturu (Bareso, 1979). Poeta, ator, dramaturgo, diretor e cofundador da companhia de teatro Bocamandja. Autor dos trabalhos Luz en la noche (2010) e Crónicas de Lágrimas anuladas (2014), ambos de poesia e teatro, publicados pela Editorial Verbum, Recaredo também ministra palestras e conferências sobre a cultura de seu país na Colômbia, EUA, Espanha, França, Áustria e Nigéria. Seu trabalho já foi publicado em antologias e revistas. Uma das grandes conquistas deste escritor equato-guineense foi ter sido um dos 39 autores mais promissores da África subsaariana com menos de 40 anos escolhidos para participar da Africa39, em Port Harcourt, Nigéria, eleita pela UNESCO Capital Mundial do Livro para o ano de 2014.

Fiquem com o encantamento de La Chica del Barrio como um convite para conhecer o trabalho do Recaredo e a literatura produzida na Guiné Equatorial.

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Recaredo Silebo Boturu

LA CHICA DEL BARRIO
Recaredo SILEBO BOTURU

Tenía la cabeza rapada. Se vestía de pantalones vaqueros, de camisetas de todos los colores; en su guardarropa, ninguna falda, ningún vestido y en el barrio en seguida la señalaron con el dedo acusón en una sociedad acostumbrada a estigmatizar y a ver lo diferente como algo anormal. En cuanto a la educación social, era diferente de las chicas de su barrio acostumbradas al pepesoup, a las alitas con picante, a las cervezas y a la buena vida sin antes aprender a hacer algo. En aquel barrio había más de lo mismo: las mismas peleas facticias, las mismas discusiones ociosas, el mismo ambiente virulento.

Los niños y las niñas crecían viendo cómo Papá y Mamá lapidaban las horas sentados en los bares del barrio. ¿Qué tanto hacían los padres y algunas madres en aquel lugar, y qué ingerían para que después salieran de allí embriagados? Te embargaban sentimientos cruzados al ver a algunos niños imitar a sus progenitores cuando salían de aquellos bares. Los niños acertaban, eran verdaderos artistas en revestir los personajes de sus padres borrachos.

En el barrio no había ni campo de fútbol ni parques, por lo que los niños, junto a las niñas, tenían que ingeniárselas jugando en la carretera principal. Los otros lugares eran entresijos llenos de lodo pringoso que cuando llovía y se quedaba empantanado en la suela de los zapatos, tenías que ir a descargarlo en aquella carretera donde después jugarían los niños. Todos los días jugaban en la carretera principal cuando el sol ya casi se escondía detrás de los árboles. Y para el cabreo de los niños, tenían que interrumpir sus partiditos para dejar pasar los coches que no cesaban de circular y no tenían otro lugar más que ese.

El barrio era un conjunto de barracones. Los barracones son construcciones hechas muchas veces de material permanente y otras de material no permanente, alineadas y con estructura rectangular, compuestas de una o dos habitaciones, una cocina a veces, y otras veces se reconvertiría una de las esquinas del salón para el servicio nutritivo. Algunas eran una verdadera tristeza observarlas, porque tenían la estructura de grandes helicópteros hechos de madera o papel a punto de estallarse. Y luego te dabas cuenta que dentro de aquellas “viviendas” (porque hay que llamarlas de alguna manera), había personas haciendo de papá y mamá que traían a hijos, muchos hijos, al mundo. Niños preciosos y feos que eran la alegría de aquel barrio. También, había pequeños chalets de configuración colonial. Yo creo que era un barrio colonial y que cuando todos olieron la humarada del petróleo, todos salieron de sus pueblos para asentarse en aquella ciudad, creando cada familia mecanismos para construir aquellos helicópteros.

¿Ya os dije que muchos de los chavales se cabreaban por tener que interrumpir su partidillo? Pues claro. Se cabreaban y mucho.

Y sobre todo cuando eran coches de alta gama con dos tubos de escape que cuando pasaban, y a gran velocidad, por donde jugaban los niños, soltaban un ruido estremecedor. Y los niños y todos los que se encontraban en aquel lugar metían los dedos en los tímpanos para evitar que explotasen porque, ciertamente, sentían que se les iban a explotar. Y los Bugattis, Ferraris, Porsches y Chevrolets pasaban y daba la impresión que tenían la intención manifiesta de fastidiar o provocar a los niños que jugaban en aquella carretera, porque no tenían otro espacio donde poder practicar ese deporte que tanto les gustaba.

Era impresionante ver desfilar tantos coches –mejor dicho, tantos cochazos— en aquel barrio sin iluminación en su calle principal y sin agua corriente en las casas. Los niños se enojaban, y también se quedaban estupefactos ante las estructuras de aquellos automóviles que solo habían visto en las películas de Hollywood.

Los niños ocupaban la carretera y sus madres las aceras. Os explico: algunas madres, que tenían todas la responsabilidad casera de dar de comer a tantas bocas que tenían en casa, colocaban mesas, sí, mesas, en las aceras y sobre ellas colocaban para la venta diferentes productos: cebollas, aguacates, ajos, tomates, caldos, harina, perejil… Aquellas mesas hacían de mercadillos para los naturales de aquel lugar que tampoco tenían la posibilidad de ir a los grandes mercados ni supermercados para poder costearse los precios de los productos mínimos.

Lo de los barracones y los coches de última gama que transitaban en aquel barrio era un contraste impresionante. A ella, la chica del barrio, siempre le vino la pregunta de ¿por qué si las personas podían comprarse este tipo de coches no podían colaborar en la mejora de la vida de las comunidades abrazadas a una injusta pobreza?

En aquel lugar se notaba el cambio climático que habían anunciado muchos seres visionarios, aunque otros, “líderes”, no hacían caso de aquella amenaza que ya hacía estragos en aquella parte del mundo. Algunos días y algunas noches el calor era terrible y era, a veces, imposible conciliar el sueño. Sí, ella sabía que la deforestación que sufría su territorio era causante de la inestabilidad del tiempo. Era como si a muchos le hubieran tomado la medida de saquear toda la madera para beneficio de sus estómagos, y de sus familias, evidentemente.

Ella estaba ya cansada y no pudo más. Y no era porque precisamente había caído un calor aterrador, no.

Al comienzo de aquella semana, ella había tenido un fuerte dolor de cabeza que le había hecho ir al hospital regional para chequearse. ¿Cómo es que ella no se fue como los otros vecinos a la pequeña clínica del barrio que había montado un ciudadano chino? Como os dije antes, ella se fue al hospital regional, un lugar desconfiado por muchos por los cuestionables servicios que ofrecían a los ciudadanos y sobre todo, por la precariedad de sus instalaciones. ¿Os imagináis ver cucarachas, ratones, termes en un hospital público?

Ella prefirió ir a aquel lugar sin más, y porque tampoco se fiaba del chino. Desde que el chino llegó a abrir aquel espacio para la salud para todos, ella estuvo observando los servicios que dispensaba y después de mucho tiempo se preguntaba cómo podría prescribir un médico un medicamento a un paciente sin antes hacerle unos exámenes para conocer lo que le adolecía?

El amigo chino, que así le llamaban, apenas entendía el castellano, ni mucho menos una lengua local, pero una vez que veía a un paciente entrar en su “Consultorio Chino” adolecido de algo, le decía primeramente el precio de la consulta, para luego llevarle a una pequeña habitación donde el enfermo le explicaba lo que sentía y de escucharle sin entender nada, iba a un mostrador donde sacaba jeringas y le perforaba el culo. El chino le perforaba el culo y le decía que debía pasar el día siguiente, el siguiente y el día siguiente para perforarle el culo para sanarle de una enfermedad que uno no conocía.

Ella decidió ir al hospital, sacaron muestra de su sangre, que examinaron. Cuando fue a recoger el resultado de los análisis. – – – – – – – – – – – muchos negativos que ella no entendió, porque le seguía doliendo la cabeza. El médico le recetó “Paracetamol” y la recomendó descansar y beber mucha agua.

Ella hizo caso al médico, compró los comprimidos a disgusto, porque no entendía por qué aquellos resultados fueron “negativos”. Era un dolor de cabeza que no cesaba, pero por suerte no tenía fiebre y tenía la hemoglobina alta. Simplemente era un dolor de cabeza fastidioso. Tampoco el dolor de cabeza fue el causante de aquella decisión que tomó aquella mañana.

Ella se cansó y no pudo contenerse. ¿De qué?

No vayan a pensar que era violenta y que por eso se metió en un desaguisado que la hizo tener el problema que tuvo. Alguna vez se peleó verbalmente con algún vecino y alguna vecina. Eso hacía mucho, en su edad de pubertad. Y cuando se acordaba de aquellas peleas le entraba una enorme vergüenza. Pero le calmaba saber que eran en defensa propia y que si pudiera rebobinar el tiempo, lo gestionaría de otra manera.

Ella creció en el barrio que os describí anteriormente, pero era diferente. Por las tardes dedicaba su tiempo en dar clases particulares a todos los chavales del barrio que se acercaban a su habitación. No tenía amigos conocidos y andaba con un par de chicas que como ella tenían la cabeza rapada. Se ponían pantalones vaqueros y esa manera de vestir hizo que les llamasen lesbianas.

Ella y ellas, estaban acostumbradas a que se les llamara así. No se sentían ofendidas y simplemente aunque sin reconocer que lo eran decían que cualquier ser humano estaba en su derecho de hacer lo que le saliera de las narices siempre y cuando no atropellase los derechos y libertades de los otros. Ella y ellas las llamaban bolleras, lesbianas. Pero eso, no era lo que le hizo cabrearse. No.

Antes de acostarse le gustaba leer un libro y no tenía preferencias. Simplemente le gustaba leer y acostumbraba a explicar que leer antes de acostarse le permitía soñar y levantarse con energía llevadera. Pero por las mañanas también le gustaba echar una miradita al pequeño televisor que tenía sobre una mesita porque le gustaba informarse. Pero una semana antes de hacer lo que hizo ya estaba harta de mirar y ver lo que enseñan en aquellos canales, pura basura tóxica. Dijo.

Una semana antes de tomar aquella decisión, ya comenzaba con aquel dolor de cabeza que le llevó al hospital. Mirar la tele y escuchar noticias de muertes masivas, presumir de lanzar bombas madre de todas las bombas sobre seres humanos, de los desafíos nucleares, de discursos de presidentes eternos en el poder, de las noticias de los miles y millones de hombres, mujeres y niños que tenían que huir de sus hogares asediados por guerras, hambruna y desestabilizaciones políticas. Ella se cansó y por eso aquella mañana, cansada de no poder mirar nada agradable, prefirió ir a echar aquella tele en el contenedor de basura más cercano.

Sus amigas cuando llegaron y escucharon lo que les dijo ella, le dijeron que estaba LOCA.

Sangria – Entrevista e Poemas de Elen Juanini

por: Cristiane Gomes

Elen Juanini

Elen Juanini. Foto: Hugo Bachiega.

Surgiu na Alameda Nothmann com uma cintilante camisa cor de rosa, pois estava “vestida de coxinha para testemunhar em uma ação trabalhista”. Elen Juanini tem 28 anos, foi criada no Jardim Miriam e começou a trilhar seu caminho na literatura com a publicação do independente poemas simples e domésticos (2015), escrito enquanto moradora do Bixiga. Agora, vivendo nos arredores do metrô Marechal Deodoro, a poeta prepara seu próximo trabalho: pedra filosofal.

Conversamos sobre a vida real, as dificuldades de se manter em São Paulo, fugas da polícia em manifestações, a política higienista do Dória, saraus constrangedores e também sobre escrever poesia, que é a parte da conversa que você pode acompanhar abaixo, seguida pelos poemas Eles e nós, Apelo, Loja de Artigos Femininos e Juno.

Cristiane Gomes: Elen, quando você se percebeu poeta?

Elen Juanini: Sempre escrevi de tudo, desde pequena, nem sempre poesia, mas aos 22, mais ou menos, não faz tanto tempo assim, comecei a escrever só poesia.

CG: Eu percebi uma presença muito forte de um modelo feminino tradicional no poemas simples e domésticos, no qual há rachaduras, mas elas são expostas sutilmente. A mulher do seu livro, apesar de ser uma mulher livre, está presente na família, na cozinha, na cama. Um ser doméstico. O que é muito interessante, pois na vida você não é exatamente uma representante desse modelo.

EJ: Deixa eu pensar sobre a minha vida… Percebi muito cedo que existia esse modelo e resolvi romper com ele de diversas formas possíveis. Eu tinha um comportamento mais masculino, mas percebi que exaltar o padrão da masculinidade é exaltar o preconceito contra a mulher, é negar a si mesma. O livro surge a partir disso, como tentativa desesperada de romper com esse modelo, desconstruí-lo, sem saber exatamente como, ou quais os limites; de querer entender o que é ser mulher, sem tentar ser homem, mas como o padrão é muito forte, é difícil romper completamente com tudo. Talvez os poemas desse livro tenham sido uma tentativa de romper com os padrões criando um lugar que chamo “sem lugar”. No “sem lugar” você não precisa necessariamente ser mulher, homem, nada. Ele é. Simplesmente. Ele não cria um modelo novo, porque não responde a nada. A arte não responde a nada, é uma inquietação, uma vontade de não querer ser.

CG: Sua poesia, é a poesia de uma mulher trabalhadora. Do trabalhador dessa nova classe, que teve acesso à educação, que escreve e que se coloca politicamente. Como você vê a poesia contemporânea brasileira nesse sentido?

EJ: A poesia contemporânea brasileira me deixa bastante triste, no geral. Tenho tentado analisar se não estou sendo preconceituosa, se não é uma implicância minha. Eu vejo muita técnica, muita academia, mas pouco o que dizer, pouco espírito, pouca alma.

A questão do trabalho, pra mim, sempre esteve ausente da poesia. Se faz poesia sobre o trabalho, mas de fora, na terceira pessoa. Eu como sou uma trabalhadora, pertenço mais ao mundo do trabalho e menos ao mundo acadêmico. Não que sejam excludentes, eles formam o que eu sou nesse mundo, meu jeito de ser, ideias, poemas. Acredito que a minha poesia não é exatamente periférica, trabalhista e também não é uma poesia acadêmica. Assim como eu, ela transita por esses dois mundos, representa a ideia desse intelectual orgânico, e, nesse sentido, talvez ela seja mais intuitiva do que profissional. Com certeza ela é mais intuitiva que profissional. Com certeza ela não é profissional. Gosto muito do que a Clarice fala da escrita amadora, que é escrever com amor.

Eu vejo a academia hoje como uma fábrica de poetas, uma produção em série de poetas, que pressupõe uma série de paradigmas, como por exemplo que um poeta de verdade tem que ler e escrever em várias línguas, o que não tá em conformidade com a realidade da população. Outro dia assisti a uma entrevista do Mia Couto em que ele falava que escrever em português é uma resistência cultural contra o imperialismo da cultura americana.

CG: E sobre a simplicidade estética, sua escolha por um vocabulário reduzido, do texto ter uma leitura fácil, sem intrincamento, pedantismo cultural ou exibicionismo.

EJ: É uma escolha consciente, ligada à necessidade de transmitir, de chegar aos lugares. É engraçado que quando eu escrevo um poema meu critério de avaliação é: a minha mãe entenderia esse poema? as minhas tias entenderiam esse poema? Isso eu acho interessante, que embora meu trabalho não seja conhecido, pessoas que não são leitoras de poesia e chegaram a ele conseguem sentir a poesia disso.

Pra mim, a simplicidade é um valor muito importante. Eu também gosto dos escritores que usam palavras comuns e isso também faz parte da minha formação e faz com que eu valorize uma visão de mundo que enxerga nas coisas comuns, cotidianas e simples as coisas misteriosas, profundas e cheias de significado.

CG: E que escritores são esses que fazem parte da sua formação?

EJ: A Clarice Lispector, que não é o que seria pressuposto de eu gostar […] como exemplo dessa simplicidade, eu gosto muito do Murakami, que tem uma escrita simples, e do Tchekov, que tem uma simplicidade invejável dentro de uma visão de mundo profunda.

O título do meu livro vem do Murakami, porque eu não leio em outras línguas, e nas traduções da Lica Hashimoto ela usa muito a palavra “simples”. No Murakami a palavra “simples” é usada como adjetivo em vários momentos, uma coisa que aparece muito são jantares simples que as pessoas preparam pra comer sozinhas, um cotidiano autêntico, de roupas simples. E um cotidiano autêntico pra mim não é barroco, ele é simples. Pensei nesse doméstico como simples, não burguês, comum.

Uma inquietação que eu tive depois que escrevi esse livro foi que os poemas que escrevi imediatamente depois e por algum tempo depois se pareciam muito com poemas simples e domésticos. Eles eram todos poemas simples e domésticos e, de alguma forma, isso me deixou feliz e triste. Fiquei feliz, porque eu talvez pensasse que finalmente havia descoberto um estilo pessoal, uma forma muito minha de me expressar por palavras. E o que me deixou triste, foi chegar a conclusão, por exemplo, de que quando eu escrevia sempre olhava pra dentro, mesmo tendo interesse pelas coisas que me cercavam, meus poemas eram sobre o mundo, mas eram sobre mim. Fiquei pensando se o que eu estava fazendo era poesia ou se eu estava me masturbando em público.

A partir daí eu comecei a fazer o esforço consciente de olhar pra fora, ao invés de olhar pra dentro. A partir desse esforço e de outras coisas, como novas referências poéticas, que percebi que comecei a fazer um trabalho novo que se chama pedra filosofal, que reflete sobre a questão do crack na sociedade.

CG: Por que trabalhar esse tema?

EJ: Esse tema surgiu, quando eu deixei de morar no Bixiga, que muitas vezes foi o cenário do Poemas Simples, e é um bairro que o pessoal do oficina costuma chamar de periferia central. Um bairro de centro, com características periféricas que são: ter gente pobre vivendo, manifestações culturais populares. E eu, sendo da periferia, me sentia muito à vontade naquele bairro. É um bairro extremamente alegre. Eu vejo um bairro formado, por nordestinos, italianos e quilombolas, que são culturas alegres, expressivas e musicais, que fazem o Bixiga ser um bairro muito alegre, apesar da pobreza, das pessoas em situação de rua, de partes mais violentas, perigosas. Eu me sentia muito em casa no Bixiga. Era como se meu bairro da periferia tivesse sido transportado pro centro com todas as características culturais. Depois eu vim morar na Santa Cecília, e aqui me deparei com uma realidade muito dura, que eu não consegui e nem quis ignorar que é a realidade dos moradores de rua, e o que é pior, é a realidade dos moradores de rua vivendo dos restos desprezados por Higienópolis.

CG: E você acredita que como poeta tem um papel social, político a fazer?

EJ: Eu acredito que sim. Não acredito na arte pela arte, nem que o meu papel seja ser porta-voz de nenhum tipo de movimento ou tendência específica e que eu tenha que abrir mão das minhas opiniões pessoais ou poéticas para transmitir uma mensagem específica. Eu acredito, como no poema do Ferreira Gullar, que o meu poema nasce junto com meu povo, e se eu sou poeta, sou também uma cidadã, um ser político, uma mulher. Eu vim da periferia, e  nunca vou conseguir desvincular meu olhar disso, porque essas coisas fazem parte de quem sou. E eu nunca vou conseguir olhar o outro com indiferença. Outra coisa que eu não vou conseguir é deixar de criticar as coisas, se eu critico tudo, até a poesia, como eu não vou criticar os problemas sociais?

CG: Elen, obrigada por compartilhar seus pontos de vista e poemas conosco. Quais são suas considerações finais?

EJ: Temos que fugir da academia o quanto pudermos, a vida tá na rua e a poesia tá na vida. E temos que, como artistas, fazer o máximo que pudermos para tornar a arte popular. O que eu mais gostaria de fazer pela poesia é torná-la uma arte popular, e a poesia se tornar mais popular não é um defeito, ser popular é uma qualidade, pois a partir de quando você traz mais pessoas pra entrar, discutir a poesia, você a enriquece com essa leitura, com a leitura dessas pessoas. Criar um público cada vez maior leitor de poesia é fundamental para que a poesia cresça.

Contato da Elen: juaninielen@gmail.com

Eles e nós

O homem dá o nó
na gravata
o homem dá o nó
O homem dá uma
gravata
O homem dá o nó
e aperta o pescoço
As mãos do homem
tecem nós apertados
As mãos do homem
são brancas
são limpas
são limpas?
mas são brancas
e não tem manchas
que se possam ver
As mãos do homem
branco dão nós
e carregam pastas
só pastas carregaram
nenhum peso maior
Nos seus dedos, anéis
que ficam enquanto
vão-se os dedos
que dedos?
As mãos do homem
que tecem nós
que tramam nós
que apertam o pescoço
que sufocam
que enforcam
que pescoço?
Diante do espelho
o homem e seus homens
homens e brancos
apertam nós
apertam nós
apertam.

Apelo
(Em desacordo com a nova ortografia)

Cabeluda,
a buceta cospe gente no mundo
e gente é mamífero e tem pêlo
e tem macho e tem fêmea
e tem algo dos dois
em cada um.
O cabelo da buceta não mente:
é de verdade
e o corpo anexo à buceta
é de verdade.
Mulheres, como homens,
têm pele, têm pêlo
e o pêlo eriçando na pele
quando a pele roça na pele
e a pele roça no pêlo
e o pêlo roça no pêlo.
Beijo na boca, língua no pêlo,
pêlo lá fundo na garganta
que a mulher pode aceitar
sem nojo
então sem nojo
o homem pode aceitar
o pêlo na garganta
o dedo no cu
o gozo na cara
(eu gosto e ele convém gostar)
Roçar o pau na minha barbicha
de lisos, lustrosos pêlos
que certa vez um escandinavo
Avança a civilização,
marcha o progresso
pelo corpo humano
desmatando a mata
Amazônia a baixo
tornando tudo
padrão código
série plástico
mas minha buceta
não é de plástico
embora algumas de plástico
tenham estranhos pêlos, veja bem
é quente e pulsa viva,
criativa minha buceta
e sem ela eu não seria eu.
Cada pau, cada genital é único
A minha buceta é cabeluda,
selvagem por direito natural
e quem não quiser,
não come,
normal.

Loja de Artigos Femininos

Juno

ela / ele
elu : elo

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Estamos selecionando material para a seção Sangria do blog da Malha Fina Cartonera. Se você quer ver seu trabalho publicado aqui, envie pelo menos 3 poemas ou uma narrativa curta e uma breve biografia para: crix.gomes@gmail.com